
Ella fue al local donde bailo. Allí las chicas se te acercan, te tocan, te hacen fotos, se meten los dólares por los pechos y por sus partes y nosotros se los sacamos con la boca. Cuando la vi, a los dos nos pasó algo...
Fue como un flechazo. Le gusté tanto, que ella el primer día me pidió un baile privado y pagó por ello 30 euros. Allí, en la más estricta intimidad, tras la cortina, me contó que era española
¿Cómo defines tu historia?
Una relación pasional, con mucho sexo. En la cama había fuego. Hacíamos el amor en todos los sitios: en el coche, en mi casa tres o cuatro veces, pero, sobre todo, en casa de la madre de Elena. Su madre tiene una gran habitación y lo hacíamos en su cama, en la alfombra, en el salón, en la bañera, en la piscina… Cualquier sitio nos venía bien. Elena es muy ardiente y cuando se levantaba por la mañana, sin maquillar, estaba preciosa.
